Lo que estoy haciendo… ¿funciona?

“Conoces lo que la vocación pesa en ti y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras, porque sabes que tu verdad se hará lentamente,

“Conoces lo que la vocación pesa en ti y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras, porque sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de un árbol y no hallazgo de una fórmula” .


(Antoine de St. Exupéry)

Qué difícil resulta tener una pasión escondida y no poder desahogarla. Hace poco escuché a un artista decir en un concierto: “Si no canto, me muero».  Aquel cantante, que tuvo un accidente de coche cuando era joven que casi le cuesta la vida, aseguraba que aquel día volvió a nacer. Y entendí que no se refería, al menos únicamente, a salir con vida de aquella circunstancia, sino a cómo todo aquello despertó en él una vocación que años más tarde le catapultó al éxito universal. Décadas después, cerca de cumplir sus bodas de oro afirmaba: «No dejaré de cantar mientras viva con pasión, la motivación más importante de un artista”.

Aquella escena me provocó una reflexión: ¿la vocación es un camino o una meta? ¿Por qué es tan difícil encontrarla? ¿Hasta dónde llega la búsqueda y cuándo empieza el compromiso? Si no encuentro mi vocación, me muero…

Escogemos un camino que en demasiadas ocasiones viene determinado por factores externos

La vocación proviene del latín y para los religiosos es la inspiración con que Dios “llama” a algún estado. Decía Emerson que «cada hombre tiene una vocación. El talento es su llamada«. La vocación es por tanto inclinación hacia una carrera, una profesión en la que convergen el deseo, la aptitud y la entrega.

Nos dejamos llevar por la corriente

Cuando rondaba la mayoría de edad me solían decir que casi ninguna decisión era irreversible. Con esos años, muchos no sentimos una inclinación clara, ni siquiera la intuimos. Salvo excepciones, tampoco tenemos la madurez suficiente para elegir la que puede ser una profesión para el resto de tu vida. Y es entonces cuando escogemos un camino que, en muchas, demasiadas, ocasiones viene determinado por factores externos: la influencia familiar, las elecciones de nuestros amigos y las salidas profesionales en función de proyección económica o el prestigio social.

Y entonces la canalización de la vocación, que debería ser un fundamento, una fuente, una causa y un motor se desvirtúa por los sueños, por las ambiciones, por las consecuencias. ¿Desvirtúa el camino la obsesión por la meta? El psicólogo Carl Gustav Jung lo afirmó así: “Quien mira hacia fuera sueña, quien mira al interior despierta”.

¿Cómo reforzar nuestros principios? ¿Cómo encontrar sentido a lo que estamos haciendo?

Y algunos nos dejamos llevar por la corriente, que resulta más cómodo. Al terminar los estudios comenzamos a actuar en consecuencia con las posibilidades y oportunidades. La formación es el canal que debería encauzar la vocación profesional hacia la vida real. Pero el inicio de la carrera profesional se convierte para muchos en una especie de huida hacia delante. Algo falta o falla y ya no parece tan fácil dar marcha atrás.

Mejor ser que tener

En esta sociedad muchos jóvenes y no tan jóvenes nos dejamos llevar por los efectos y por las consecuencias de aspirar a ser lo que nos han hecho creer o lo que nos hemos querido creer. Los medios difuminan a los fines. “Hacer” para “tener” mientras el “ser” queda relegado a un segundo plano. Pero el objetivo sigue siendo acertar en la elección de los fines. Ambición, sí, pero también coherencia y realismo.

Descubrir quién soy y de dónde vengo para reorientar mi vida hacia dónde quiero ir

La crisis está revolviendo los cimientos y nos está empujando a la autocrítica, a la búsqueda, a la reflexión. ¿Cómo reforzar nuestros principios, nuestros valores, cómo recuperar el norte y cómo encontrar sentido a lo que estamos haciendo? El momento actual supone una oportunidad histórica para recuperar el valor de la introspección y conocer un poco mejor nuestra realidad gracias a las humanidades antes de seguir dando pasos en falso. ¿Funciona lo que estoy haciendo actualmente? ¿Nos falta o falla algo? ¿No acabamos de despegar? Quizás, eso que estamos haciendo no responde a nuestra verdadera vocación. En ocasiones, hay que dejar que algo se reduzca a escombros para que algo nuevo pueda renacer. Como decía aquel cantante, Volver a empezar

¿Tiene algún sentido posponer lo inevitable? Si libertad es elegir entre opciones, el camino de la felicidad también implica un compromiso, una responsabilidad y una reflexión constante sobre nosotros mismos: Descubrir quién soy y de dónde vengo para reorientar mi vida hacia dónde quiero ir. Si no… me muero. Ojalá la respuesta a esos interrogantes nos conecte con nuestra vocación y marque el camino a seguir. Si busco, si actúo… quizás ya esté empezando a encontrar.

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